Bachelet en caída libre: ¿tocó fondo?

Cuando estábamos aún a la espera de los presidenciables antes de las últimas elecciones y empezó a sonar el nombre de Michelle Bachelet mi reacción inmediata fue: «imposible que vuelva, se pasa de pava… va a salir para atrás». Me intriga de sobremanera qué fue lo que la llevó a decidir volver, pero así como lo pensé en ese minuto, creo que fue el peor error de su vida. A mis ojos, así como a los de muchos, Michelle no es y nunca ha sido capaz de presidir la República, y siempre ha sido y seguirá siendo un títere manejado por otros poderosos, pero menos populares entes políticos. Personajes que dirigen el circo (que no nos engañemos, es un circo cualquiera) mientras ella es la pantalla simpática que conquista a más de alguna persona voluble y vulnerable con un saludo amistoso, una seña afable, un abrazo cálido y una sonrisa gingival de oreja a oreja.

Como cada vez que me refiero a política, haré el hincapié en que mi postura no está sesgada por la derecha extrema. No soy de derecha, ni tampoco de izquierda. No defiendo lo indefendible. No vanaglorio a Allende, ni aplaudo ciegamente a personajes como Pinochet o el Mamo Contreras. No lea las siguientes líneas con el estigma de «el derechista», por que no lo soy.

Dejando claro lo anterior, prosigo. Creo que volver a la política en Chile fue para Michelle el peor error de su vida. Cuando fue Ministro de Salud en el Gobierno de Ricardo Lagos en Marzo-2011 se desempeñó en un área que le era conocida, en ese entonces sabíamos que era Médico especialista en Pediatría (cosa que hoy ha sido altamente puesto en duda, lo que me parece de una gravedad más que importante). El gran logro que se le atribuye es la eliminación de las colas en los consultoriostanque, por el cambio en la metodología de la entrega de horas (dentro de otros proyectos). Pero no nos engañemos, eso en ningún caso significó que aumentara o mejorara la atención en salud. A la gente le gustaba mucho el personaje de Michelle, quien ya empezó a conquistar el corazón de Chile en ese primer periodo. Luego de verse envuelta en polémicas con grupos conservadores por temas como el aborto o la píldora del día después, el 2002 pasa a la cartera de Defensa Nacional (cartera en la cual Michelle no tenía ningún tipo de expertise). Fue todo un suceso: la primera socialista en asumir el cargo en años. Todo muy bueno para su imagen, ya que se realizaron actividades de «perdón» a los 30 años del golpe militar y se avavionanzó en temas de defensa, que estuvieron lejos de las polémicas en las que se veía envuelta como cabeza de la cartera de Salud. Era una posición más cómoda y mucho menos atacable. Esto le permitió convertirse en el denominado «Fenómeno Bachelet», arrasando en popularidad. Fue apodada por uno de sus pares como la «Gordis» y para todo el mundo era una simpatía verla en un tanque o en un avión de la FACH. El atractivo de Bachelet llegaba literalmente a las nubes.

En Septiembre-2004 Lagos anunció la salida de Michelle y de la entonces Canciller Soledad Alvear del gabinete, ya que ambas potenciarían a sus partidos en las elecciones municipales y luego participarían de un proceso de primarias de la Concertación para determinar al nuevo candidato presidencial. Se enfrentaron entonces Alvear por la DC y Bachelet con el respaldo del PPD, el PS y el Partido Radical. En Mayo-2005 Alvear suspende su candidatura luego de perder apoyo luego de que Sebastián Piñera (RN) se subiera a competir por el escaño, y al ver que Bachelet tenía un apoyo popular mucho mayor. Bachelet se convertía en candidata única por la Concertación y terminó siendo proclamada Presidente de la República el 30 de Enero de 2006. Pese al apoyo popular de Bachelet, creo firmemente que Alvear era una candidata mucho más capacitada en temas de estado y hubiese sido, por lejos, un mejor Presidente.

Bachelet terminó su primer periodo como Presidente con un apoyo popular altísimo. Según Adimark, un 84% de respaldo, la cifra de apoyo más alta de un mandatario al dejar el cargo. Flores, aplausos y abrazos la despedían del Palacio de la Moneda en Marzo de 2010. No fue un buen Presidente, cada vez que hablaba de algún tema importante tenía fases típicas para evadir todo tipo de compromiso y su rol como la Reina del Bono hizo que el pueblo la quisiera de todas formas. Al final del día, «ni chicha ni limoná», y todos contentos.

Muchas críticas se le hicieron a Michelle: el pésimo manejo del 27F, la puesta en escena del hospital en la inauguración, cuando se burló de la ciudadanía apelando a que usar el delantal blanco era «grito y plata», la cantidad de plantas termoeléctricas aprobadas en su gobierno, el manejo paupérrimo de la revolución pingüina, el no respaldo al matrimonio igualitario… podríamos seguir.

En Marzo-2013 renuncia a ONU Mujeres y deja Nueva York para volver a Santiago como la candidata de la Nueva Mayoría, la misma Concertación con el apoyo del Partido Comunista. Aquí mi gran dilema… siendo ella una mujer inteligente, y sabiéndose no capaz del cargo y títere de otros, ¿para qué volver? ¿para qué asumir el riesgo? Era cosa de ver la tele, la gente hoy estaba mucho más brava y exigente… ¿para qué dejar Nueva York? ¿para qué dejar ONU Mujeres? y lo qué más me intriga aún, ¿para qué poner en riesgo su puesto en los libros de historia de Chile como: 1. la primera mujer en asumir la Presidencia en Chile y Latino América y 2. la mandataria con el mayor clamor popular…. ¿era necesario?

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Sebastián Dávalos Bachelet, hijo de Michelle

Hoy Michelle lleva menos de dos años de Gobierno en su segundo periodo, y el escenario es más oscuro que la mina de Lota. No ha estado libre de polémicas: la puesta en duda de la veracidad de su currículum académico, la dudosa procedencia de platas de su campaña, el yate, la relación de muchos de sus pares a SQM y el caso CAVAL en que que se vio envuelto su hijo y su nuera han enlodado la imagen de la mandataria. Y lo peor es que cada vez que abre la boca, se hunde más y más. Recordemos que no sólo es la reina del bono, sino que también es la reina de las volteretas. De aprobar termoeléctricas pasó a ser ecologista, de estar abiertamente en contra del matrimonio igualitario, pasó a ser una motivada máxima con el tema. Hasta en pequeños detalles como en el manejo de su gabinete. No olvidemos el balde de agua fría que recibieron todos cuando anunció  en una entrevista en televisión abierta que exigiría la renuncia de sus Ministros sin haberles avisado nada antes… ¿es eso, Michelle, un buen manejo mediático? Yo ahí no veo más que desorganización, pésima asesoría y desesperación.

Adimark publicó la desaprobación más alta a nivel histórico, alcanzando en Julio-2015 un 70% de rechazo. Su respaldo baja un punto más, llegando a 26%. Estas cifras se entregaron horas antes del promocionado «cónclave de la Nueva Mayoría». Los puntos más críticos de la evaluación hablan de el respeto de los chilenos hacia Bachelet (41%, habiendo bajado 5 puntos) y sobre su credibilidad (36%, habiendo bajado 4 puntos). El Gobierno por si sólo también rompe un record, llegando a un 21% de aprobación (5 menos que Michelle) y una desaprobación de un 75%. Hay un claro rechazo de la gente al Gobierno, un desapego y una tensión social que sube exponencialmente. Según EMOL, la reducción de proyecciones de crecimiento para lo que queda del año y para el 2016 sumado a la dificultad de La Moneda para concretar sus principales reformas ha sido clave para esta nueva baja en las encuestas. El profesorado sigue en paro y siguen rechazando el proyecto de Carrera Docente, la delincuencia no mejora y la reforma laboral está estancada.

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Al minuto de hacer candidatura es muy fácil prometer. Hoy se ve apretada por que sabe que no puede cumplir. ¿Culpables? Según postula la mandataria «Hay que considerar las condiciones y las dificultades del nuevo contexto económico, social, político y de gestión que enfrentamos. Tenemos que ser realistas y sinceros de cara al país. Sin crecimiento no hay reformas sustentables«. Terminó acuñando la frase que ha causado bastante escozor estos días: «no hay realismo sin renuncia«.

Cuándo le preguntaron por la delincuencia aludió a que la cosa estaba tan compleja que hasta a su hija le habían robado el teléfono. Esa no es la respuesta que da un Presidente ante un tema así de serio. Cuándo se le pregunta por su baja aprobación ella dice: “La gente me pide que siga adelante […] Eso me pasa en terreno, también me nutre. No me puedo alimentar tan sólo de las encuestas, de los análisis de prensa o de lo que un grupo determinado piensa o señala. Las personas siguen sacándose fotos y selfies conmigo. Los parlamentarios, los alcaldes, siguen expresándome mucho cariño. Pero habrá gente que, sin duda, me preferiría con niveles de popularidad más altos […] ¿Sabe cuál es el riesgo de una persona que toma decisiones basada en las encuestas? De perder el norte o caer en el populismo. Por ejemplo, si la gente no quiere construir un puente, entonces ¿no lo hago, aunque ya se había decidido que era indispensable? Eso no lo voy a hacer”.

¿Esto es una mala broma? ¿Las selfies ahora son una forma de medir el respaldo? ¿Qué queda para más adelante? ¿Nos regiremos por los likes en Facebook, los retweets en Twitter y los seguidores de Instagram para dirigir el país? Luli ha sido Trending Topic en Twitter en más de alguna oportunidad, y me cuesta muchísimo verla como candidata. Al final del día escuchamos las encuestas cuando nos conviene. Y por favor Michelle, no hablemos de populismo. Caíste en populismo hace mucho tiempo, desde el minuto en que los bonos han sido tu moneda infalible para comprar al pueblo, siendo que no son más que «pan para hoy y hambre para mañana».

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Osvaldo Andrade (PS)

Osvaldo Andrade (PS) dijo, ante la baja aprobación del Presidente Piñera (35%) que «Chile no merece un Presidente con ese nivel de desaprobación«. Yo creo sinceramente que Chile no merece un Presidente como Bachelet, más allá del nivel de desaprobación y descontento nacional, nos merecemos a alguien que si sea capaz de Gobernar, que si entienda lo que hace, que sepa dar respuestas a las preguntas que se le hacen y que no use evasivas pauteadas, que pueda manejarse de forma mediática al nivel que se debe, que no esté envuelta en escándalos y que su credibilidad no este en jaque desde tantas perspectivas diferentes.

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