Arturo Vidal: ¿La caída del Rey?

Criticar a alguien cuando uno tiene tejado de vidrio es la más alta de las hipocresías. Es por eso que antes de referirme al tema haré mi propio mea culpa. Confieso que en más de una oportunidad he conducido con un par de copas de más. ¿Orgulloso? Para nada, todo lo contrario. Pero esa es la idea de las confesiones, ¿no? sacar a la luz algo de lo cual no presumimos y de lo cual no nos sentimos puntualmente satisfechos. En fin. Dejando mi confesión de lado, nos vemos frente a un nuevo conflicto entre el balón y la botella. Ayer a nuestro Arturo Vidal se le cayó la corona de «Rey». En la madrugada de este miércoles se confirmó que Arturo chocó su Ferrari 458 Italia estando bajo la influencia del alcohol. No hubo lesionados -más allá de una contusión en el cuello del futbolista-, pero el hecho no ha dejado a nadie sin opinión. Reflejo de esto es que Twitter no ha parado y #Vidalazo sigue siendo TT número 1 en nuestro país. Según el fiscal Luis Pablo Cortes, Vidal estaría frente a una formalización por Conducción en Estado de Ebriedad. Más allá de los hechos periodísticos (que los podemos ver en las noticias y en los diarios), me llama profundamente el abanico de reacciones de mis queridos compatriotas. 

Me di el tiempo de leer algunos Tweets y realmente no deja de ser interesante. Creo que puedo dividir las reacciones en 4 diferentes grupos:

  • Los que se encuentran profundamente desilusionados y decepcionados.
  • Los que se encuentran profundamente molestos y piden justicia.
  • Los típicos fanáticos ciegos que perdonan todo a su ídolo.
  • Los variados chistes y memes que han brotado de esto.

Pena. Lástima. Son palabras que se repiten una y otra vez. Muchos fanáticos han esperado ansiosos esta Copa América, especialmente después de ver lo lindo que fue el desempeño de nuestra Selección en la recién pasada Copa del Mundo. Muchos ven a nuestros seleccionados como ídolos. Los vemos en portadas de diarios y revistas, en las noticias, en internet y hasta en campañas publicitarias. Son un ejemplo transversal, con seguidores de todas las edades y de todos los estratos sociales. Muchos de nuestros niños quieren ser como ellos. Algunos se quedan sólo en la pena, otros pasan a la rabia. Algunos piden sentencias judiciales, especialmente aludiendo a la #LeyEmilia. Otros piden que incluso se le sancione y expulse de la Selección. Hay frases fuertes. «Vidal nos fallaste a todos, a tus compañeros y a tu DT» leí por ahí. En las redes incluso se le ha llamado «asesino en potencia», ¿exagerado o acertado? Eso queda en el fuero de cada uno.

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Estas posturas las entiendo. Lo que no entiendo es la gente que no logra mirar más allá. Que cree que por ser una figura deportiva exitosa y por estar representando al país merece un «perdonazo». Gente que esta fuera del Juzgado de Garantía de San Bernardo gritando «¡Vidal! ¡Vidal! ¡Te queremos ver jugar!» sin importarles un carajo el trasfondo de esto. El fanatismo, en todas sus figuras y aristas es un arma peligrosa, cuidado ahí. El fanatismo es lo que hoy embrutece el desarrollo de nuestro país. Fanáticos religiosos que reman violentamente en contra de la evolución de la sociedad, del respeto y de los derechos humanos. Fanáticos políticos que apoyan ciegamente a figuras del pasado y del presente sin querer ver las faltas gravísimas que cometen a diario… o peor aun, ¡avalando las mismas! Fanáticos sociales, que aplauden cada idiotez que hacen sus cantantes o actreydecopasores favoritos, sin importar nada en absoluto… mejor sea un «Fan» y no un Fanático. Es un poco más clever, menos idiotizante y tiene un par de letras menos.

Y bueno están los memes, chistes y bromas de siempre. Tratando a Vidal como el Rey de Copas, riéndose de Sampaoli y hasta comparando el choque del Ferrari de Vidal con una citroneta incrustada en un árbol. Ni nuestra Presidente, Michelle Bachelet, se salvó. Más de alguna foto de ella con Vidal anda dando vueltas aludiendo a que esa es la razón del accidente, por que claro: es yeta. No falta el chileno con el humor a flor de piel.

Más allá del juicio social/moral, creo que es bueno extrapolar este cuento a la realidad de un chileno cualquiera. Como tu o como yo. ¿Qué pasa si alguno de nosotros se enfrenta a la ley luego de un accidente automovilístico con 1.2 gramos de alcohol en la sangre? Nadie estaría afuera del juzgado gritando: «¡Juanito! ¡Queremos verte atendiendo tus pacientes!» o «¡Luisa! ¡Queremos que sigas vendiendo tus seguros tranquila!», ni mucho menos «¡Señora Maggie! ¡Queremos que siga haciendo ese pan amasado tan rico!». Nadie va a defender a un chileno promedio frente a la ley, no nos engañemos. No todos somos futbolistas exitosos ni hijos de poderosas figuras políticas. Recordemos a Johnny Herrera o a Martín Larraín, por ejemplo. Accidentes bajo influencia del alcohol con resultados fatales… ¿y qué pasó con ellos?

Sin duda queremos ver jugar a Vidal. Es una ficha clave en la cancha. Algunos piden que no se le saque de la Selección por ningún motivo, otros que se le sancione en lo futbolístico pero luego de la Copa América. Al final si sigue o no en la Selección depende de Sampaoli y de la ANFP. O bien de él mismo. Un Twittero lo emplazó diciendo «si eres lo suficientemente hombre darás un paso al lado, no le dejes la tarea sucia a Sampaoli».

Leí un Tweet que decía: «Si no hubiese chocado, llega ebrio o con caña a entrenar al otro día. Tremendo profesional». Volvemos a lo mismo. ¿Qué pasa si usted llega borracho al trabajo? O desde otra perspectiva, ¿qué pasa si a usted lo atiene un médico borracho? ¿o un dentista? ¿o un funcionario público? Ser futbolista para Arturo Vidal no es jugar una pichanga de barrio, es su trabajo. Trabajo por el cual se le pagan sumas absurdas. Gana en un mes más de lo que muchos chilenos ganarán en toda una vida de trabajo. Está representando a todo nuestro país en un certamen deportivo no menor, ¿de verdad los fanáticos acérrimos no se sienten para nada pasados a llevar? Me cuesta creerlo (entenderlo).

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Entiéndame. El objetivo de esta columna no es ningún caso convertir a Vidal en un chivo expiatorio. No pretendo tampoco que alguien siga a Arturo con una campana por el nacional al estilo «Walk of shame» de Cersei Lannister en Game of Thrones (por muy atractiva que pueda parecer la escena).

Un chileno promedio al estar involucrado en un accidente así se vería enfrentado a todas las de la ley (multa y pena según corresponda) y al juicio social absoluto (de quienes se enteran claro, no sería algo tan mediático). Y en el caso de que esta borrachera tuviese una incidencia directa con su desempeño laboral, despedido en dos tiempos. No digo que Vidal se vaya a la cárcel, ni tampoco digo cuanto es lo que tiene que pagar de multa. No está en mi definir eso. Tampoco me corresponde decidir si debe o no seguir en la Selección. Sólo pido que no se le endiose. Vidal no es diferente a otro ciudadano de nuestro país. Es uno más, y así debería ser tratado.

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